Un balance de las activistas feministas

admin   marzo 29, 2017   Comentarios desactivados en Un balance de las activistas feministas

(ENGLISH BELOW)


Por Mabel Bianco.

 

Como dijimos al comienzo, este año la CSW61 se desarrolló en un nuevo contexto político mundial más adverso a reconocer los derechos humanos y menos aún los derechos de las mujeres. Esto hizo que, como nunca, se echara del edificio de ONU a las/os representantes de ONGs aduciendo excusas, impidiendo asistir a las negociaciones y estar en el salón contiguo. Por la rápida reacción de las feministas, que en menos de 12 horas enviaron una carta al Presidente de la Comisión con casi 800 firmas reclamando se elimine esta disposición, y por la gestión de ONUMujeres y de los delegados de Argentina y México que reclamaron a la Facilitadora por esta medida, al dia siguiente se cambió el lugar de la negociación al salón original y se permitió a las ONGs estar en el salón y el edificio.

El documento aprobado reconoció la necesidad de redistribuir entre mujeres y hombres el trabajo de cuidados no remunerados que asumen casi exclusivamente las mujeres e impide su participación en el mercado laboral, y recomendó a los países estudiar la carga de los trabajos de cuidado no remunerados y domésticos, a través de la medición del uso del tiempo de mujeres y hombres, para controlar el cumplimiento de los ODS.

Reconoce la importancia de los sindicatos, la negociación colectiva y el diálogo social para enfrentar las desigualdades económicas y la importancia de tener estándares mundiales fuertes que protejan los derechos de las mujeres en el mundo del trabajo.

Por primera vez, se reconoció la importancia de la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas, que focaliza en el empoderamiento de las mujeres. Llama a los gobiernos a respetar y proteger el conocimiento ancestral y tradicional de las mujeres indígenas y a enfrentar las múltiples  e intersectoriales  formas de violencia y discriminación que ellas padecen. También llamó a apoyar la independencia financiera y la autosuficiencia económica de las mujeres indígenas para que puedan establecer sus emprendimientos económicos.

Urge a los gobiernos a poner fin al acoso y violencia contra las mujeres en el mundo del trabajo, que promuevan el fortalecimiento de  leyes y políticas en ese sentido y adopten medidas específicamente focalizadas para la reincorporación laboral de las mujeres víctimas y supervivientes de violencia en el mercado laboral. También reconoce que la salud y los derechos sexuales y reproductivos son esenciales para los derechos, la independencia y el empoderamiento económico. Cabe aclarar que este punto fue muy difícil de lograr, ya que Rusia, Estados Unidos y los países del Caribe inglés se oponían. El lenguaje sobre familias fue también reconocido, permitiendo abarcar a la diversidad de tipos de familias existentes.

En respuesta a la fuerte abogacía de las feministas para adoptar estrategias de justicia de género para confrontar los múltiples impactos del cambio climático y el deterioro ecológico, se reconoció el imperativo de una transición para mover la fuerza de trabajo hacia una economía menos productora de carbono. Se llamó a estrategias responsables de género para aumentar la resiliencia de las mujeres sobre los impactos económicos del  cambio climático.

Si bien se lograron estos avances, las mujeres activistas de los derechos de las mujeres y feministas no podemos callar nuestro descontento con la resistencia de los países a cambiar la estructura mundial económica, financiera y de comercio que aumenta las desigualdades entre y dentro de los países o de enfrentar el impacto dañino de la globalización que resulta en la explotación de las mujeres trabajadoras.

También vemos con frustración la imposibilidad de nombrar a los grupos de personas marginadas en el mundo. El silencio de los gobiernos sobre la marginación por etnia, raza, clase social, casta, discapacidad, edad, vivir con VIH, orientación sexual, identidad de género, expresión de género o características sexuales, no puede continuar.

Como latinoamericana, debemos reconocer el orgullo de que nuestros países estuvieron unidos negociando y defendiendo todos estos principios sobre el empoderamiento económico de las mujeres, que culminó con las palabras del Embajador argentino Martín García Moritán, en nombre de todo el grupo de países latinoamericanos, al cierre de la sesión en que se aprobó el documento.

 

Orgullosas de ser latinoamericanas y personalmente, argentina.  

 

 

  • Declaración leída por el Embajador Argentino en nombre de los siguientes países: Argentina, Colombia, Costa Rica, Dominican Republic, El Salvador, Guatemala, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay. Descargar.

An evaluation of feminist activists

By Mabel Bianco

As we said from the beginning, this year the CSW61 was carried out in a new global political context, one which was more adverse to recognising human rights, and even more so towards recognising women’s rights. This led to, like never before, representatives from NGOs being ousted from the United Nations building due to various excuses, preventing them from attending negotiations or being in the adjoining room. Due to the quick reaction of feminists, who in less than 12 hours sent a letter to the President of the Commission with almost 800 signatures demanding the removal of this order, and also due to the management by UN Women and the delegates from Argentina and Mexico who appealed to the Facilitator about this measure, the following day the location where negotiations took place was changed back to the original room and the NGOs were allowed inside both the room and the UN building.

The approved document recognised the necessity of redistributing unpaid care work between men and women, as it currently is undertaken almost exclusively by women, preventing their participation in the labour market. It also recommended that countries study the volume of unpaid care and domestic work, by measuring the amount of time spent by women and men doing them, in order to control the implementation of the SDGs.

It recognises the importance of trade unions, collective bargaining and social dialogue to help face economic inequalities and the importance of having strong global standards that protect the rights of women in the world of work.

For the first time, the importance of the Declaration of the Rights of Indigenous Peoples was recognised, which focuses on the empowerment of women. It calls for governments to respect and protect ancestral and traditional knowledge of indigenous women and to tackle the multiple forms of violence and discrimination that these women endure across various sectors. It also called for the support of the financial independence and economic self-sufficiency of indigenous women for them to be able to establish their own economic ventures.

It urges governments to put an end to harassment and violence against women in the world of work, to promote the strengthening of associated laws and policies and to adopt measures that are specifically focused on reincorporating back into the jobs market women who are victims or survivors of violence in the workplace. It also acknowledges that health and sexual and reproductive rights are essential for rights, independence, and economic empowerment. It is worth clarifying that this point was very difficult to achieve, given that Russia, the United States and countries from the Commonwealth Caribbean all opposed it. The language about families was also recognised, allowing the encompassment of a diversity of different existing family types.

In response to the strong advocacy of feminists to adopt strategies for gender justice to confront the multiple impacts of climate change and ecological deterioration, the imperative of a transition to move the workforce towards an economy that produces less carbon was accepted. Responsible gender strategies were called upon to increase women’s resilience to the economic impacts of climate change.

While we may have achieved these advances, we as women activists for the rights of women and feminists must not silence our discontent with the resistance of countries to change the economic, financial, and commercial global structure which increases inequalities nationally and internationally. Nor should we stop confronting the damaging impact of globalisation that results in the exploitation of women workers.

We also see with frustration the impossibility of naming groups of marginalised people in the world. The silence of governments about marginalisation due to ethnicity, race, social class, caste, disability, age, living with HIV, sexual orientation, gender identity, gender expression, or sexual characteristics, cannot continue.

As Latin American women, we must recognise the pride that unites all of our countries while we negotiate and defend all of these principles about the economic empowerment of women, which ended with the words of the Argentine Ambassador, Martín García Moritán, in the name of the whole group of Latin American countries, at the closing of the session in which the document was approved.

We are proud to be Latin American, and I personally, am proud to be Argentinean.

 

  • Declaration read by the Argentine Ambassador in the name of the following countries: Argentina, Colombia, Costa Rica, Dominican Republic, El Salvador, Guatemala, Mexico, Panama, Paraguay, Peru, and Uruguay. Download.